Un viaje a Suecia para hablar sobre fiordos y acidificación oceánica (in Spanish)

24 horas de viaje, cuatro aviones y tres buses después (sí, la huella de carbono es enorme… pero dejemos este tema para un próximo blog) una tica pone un pie a orillas del Fiordo Gullmar. Este valle tallado durante la glaciación cuaternaria e inundado por el mar se ubica en antiguas tierras vikingas al suroeste de Suecia, su nombre significa “Mar de Dios” en nórdico antiguo.

La alta diversidad marina que alberga el fiordo ha sido objeto de estudio por aproximadamente dos siglos, razón suficiente para que se convirtiera en la primer área de conservación marina sueca. Rodeada por esta naturaleza de paisajes nórdicos se fundó en 1877 la estación de investigación marina Sven Lovén Centre for Marine Infrastructure – Kristineberg, una de las más antiguas en el mundo y el escenario central de este relato que comienza de la siguiente manera.

Oficial de migración: “¿Cuál es el motivo de su viaje a la península Escandinava?”

Yo: “Una estancia de investigación”

Esa fue mi respuesta rápida en los controles migratorios de los aeropuertos, pero con ustedes puedo usar mi respuesta elaborada. En efecto, el motivo del viaje era una visita científica para llevar a cabo experimentos de laboratorio, los cuales nos ayudarían a entender mejor cómo la acidificación oceánica puede afectar a algunas especies de equinodermos (erizos de mar y estrellas quebradizas) durante sus primeras etapas de desarrollo.

En este punto estoy segura que la mayoría de ustedes deben estar familiarizados –en mayor o menor grado– con el término “cambio climático”; sin embargo es poco probable que hayan escuchado hablar sobre “acidificación oceánica”. Así que vamos a comenzar por aclarar este término.

El océano absorbe naturalmente el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, convirtiéndolo en el segundo mayor reservorio de carbono del planeta. No obstante, las concentraciones de CO2 en la atmósfera han incrementado abruptamente desde la revolución industrial, cuando los valores rondaban 280 ppm (partes por millón), a valores actuales de 406 ppm (4 agosto 2017).

La tasa actual de captura de CO2 es hasta el momento la más alta registrada en la historia geológica, alcanzando cinco millones de toneladas de carbono por año. Nunca antes nuestros océanos, bosques y ecosistemas han logrado captar tanto dióxido de carbono. ¿Qué pasa? Que cuando este exceso de CO2 antropogénico es absorbido por los océanos ocurren una serie de reacciones químicas y se produce un aumento en sus niveles de acidez (que tal vez hayan escuchado como “disminución del pH”). A esto lo conocemos como “acidificación oceánica” y es lo que yo estudio.

Ahora que entienden de qué se trata todo esto y comprenden el trasfondo de lo que está sucediendo –en otras palabras, las consecuencias de nuestras acciones–, es probable que las primeras preguntas que se les vienen a la mente son ¿qué le va a suceder a los animales marinos? ¿van a resultar afectados?

La respuesta inmediata es “sí”. Nuestras acciones como especie humana tienen un alto impacto sobre muchas otras especies y se pronostica que la acidificación oceánica tendrá diversos impactos sobre los organismos y ecosistemas marinos, la mayoría de ellos negativos.

En la ciencia del cambio climático hay diferentes maneras de abordar estas preguntas. Una de ellas es la experimentación bajo condiciones controladas, para identificar las respuestas de los organismos ante condiciones específicas. Un reconocido experto en el tema es el Dr. Sam Dupont, al lado de quién tuve la oportunidad de trabajar en Kristineberg.

En cuatro semanas y media de trabajo logramos poner en marcha seis experimentos distintos, con dos especies de erizos de mar y dos de estrellas quebradizas. Los resultados preliminares de nuestro trabajo confirman que niveles de pH bajos (equivalentes a una acidez alta, osea lo que esperamos si el océano sigue absorbiendo CO2) tienen un efecto negativo en su desarrollo larval, aunque el grado de afectación puede variar dependiendo de la interacción con otros factores, como la disponibilidad de alimento.

Indiscutiblemente todos los datos generados son una fuente invaluable de información, que nos ayudará a comprender mejor las implicaciones futuras de la acidificación oceánica sobre estos organismos marinos.

En la última década el estudio de la acidificación oceánica ha cobrado gran auge en la comunidad científica. En Costa Rica ya comenzamos a dar los primeros pasos en esta dirección, pero todavía queda mucho trabajo por delante. El siguiente desafío consiste en poner en práctica todo lo aprendido durante esta estancia, durante la cual pude aprender de primera mano sobre los retos que se enfrentan cuando se trabaja en el campo de la experimentación. Sin duda alguna este conocimiento será sumamente valioso a la hora de instalar el primer laboratorio de acidificación oceánica del país.

¡Así que preparen acuarios Costa Rica, que llegó la hora de experimentar!

Celeste Sánchez Noguera, Ojo al Clima, 10 August 2017. Article.

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