El cambio del Ártico

En las islas Svalbard, situadas a sólo mil kilómetros del polo Norte geográfico, es donde los hielos permanentes empiezan a romperse. Es un enclave de primera línea para explorar los efectos del cambio climático y hasta aquí se desplazan muchas expediciones científicas y algunos viajeros curiosos. También lo ha hecho el Magazine.

El barco se ha abierto camino y ha dejado una estela en el mar de hielo. Placas de unos 60 centímetros de grosor cubren la superficie en la costa suroeste de las Svalbard, frente al fiordo de Hornsund y Sorkapp Land
Un gran estruendo ha despertado a los viajeros del MS Fram, un barco de exploración de 114 metros de eslora que recorre la costa occidental de las islas Svalbard, un archipiélago situado al norte de Noruega, entre el océano Ártico y el mar de Groenlandia y a unos 1.000 kilómetros del polo Norte geográfico. Son las seis de la mañana, y los pasajeros han saltado literalmente de la cama, aunque el sol en ningún momento ha desaparecido del cielo en esta irreal noche polar. La cubierta se llena de cámaras, prismáticos y flashes.

Las placas de hielo visibles desde el camarote empiezan a menudear y, en poco tiempo, observadas desde la cubierta, rodean el barco hasta formar una masa helada cada vez más espesa. Al principio, son bloques de hielo pequeños, con formas irregulares de unos 60 centímetros de longitud y medio metro de grosor. Pero, a medida que el barco avanza, aumentan de tamaño. Y, al final, lo ocupan todo. Casi no se ve agua en el mar.

El barco navega cansino entre los bloques de hielo, que ocupan un área inabarcable a la vista. Cada golpe con la proa provoca otro estruendo que aparta las placas violentamente. Una vez desplazadas, chocan entre sí, se superponen, se atropellan, se deforman, y van desencajando un puzzle infinito.

Los impactos estremecen todo el barco con un ruido continuo que se hace intenso por momentos. El ritmo del balanceo es un sismograma que mide la intensidad y la resistencia de cada placa. Casi se pueden contar las veces que la proa siega una placa con su bulbo ariete rompehielos.
Así surca su camino el Fram en la costa de las Svalbard, en una expedición divulgativa en la que científicos, periodistas y viajeros explorarán unas islas que, con una superficie que duplica la de Irlanda, se han convertido en el gran centro de experimentación e investigación sobre el cambio climático. Las Svalbard son un balcón a las transformaciones que convulsionan el círculo Ártico. Ahora, todos los pasajeros ansiosamente fotografían, graban, otean con prismáticos esta geografía menguante de hielos árticos en regresión como consecuencia del cambio climático.

Antonio Cerrillo, La Vanguardia, 25 July 2010. Full article.


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